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Carlos Antonio Vélez anuncia que no comentará partidos de la Selección Colombia: “Me voy”
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Carlos Antonio Vélez, uno de los periodistas deportivos más influyentes y polémicos del país, sorprendió al anunciar que no volverá a comentar partidos de la Selección Colombia, una decisión que venía generando expectativa tanto entre sus seguidores como entre sus críticos.
El comunicador, reconocido por su estilo directo y sus constantes cuestionamientos al proceso de la Selección, confirmó que tomó esta decisión desde septiembre, cuando le comunicó a los directivos de los canales en los que trabaja que no continuaría en ese rol durante las transmisiones del equipo nacional.
“De donde no me han sacado, yo me fui. En septiembre le dije a mis superiores que no iba a volver a comentar partidos de selección nacional. Yo fui el que dije: ‘Me voy’”, aseguró Vélez, al explicar que su salida fue una decisión personal.
Pese a este anuncio, el periodista aclaró que sí estará presente en el Mundial de 2026 con RCN y Win Sports, aunque su participación no incluirá los encuentros de la Selección Colombia.
La decisión se da en un contexto en el que Vélez ha sido uno de los mayores críticos del técnico Néstor Lorenzo, a quien ha cuestionado públicamente en varias ocasiones, llegando a calificarlo como un entrenador “decepcionante” y señalando que no cuenta con la personalidad suficiente para liderar el equipo.
En la antesala del Mundial que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, el periodista ya había manifestado su desacuerdo con las decisiones deportivas del cuerpo técnico, asegurando que no pediría más jugadores para la Selección porque, según su criterio, el entrenador convocaría únicamente a futbolistas de su confianza y no necesariamente a los de mejor rendimiento.
Al explicar las razones de su decisión, Vélez señaló que las transmisiones de la Selección Colombia han cambiado su enfoque, alejándose —según su percepción— del análisis estrictamente futbolístico.
“A veces esas transmisiones se convierten en activismo puro y yo no soy activista. Tengo que hablar de fútbol y cuando veo cosas malas las tengo que decir”, afirmó.
El periodista también reconoció que su estilo puede generar incomodidad entre los aficionados, especialmente en un entorno donde el sentimiento de apoyo al equipo suele prevalecer sobre la crítica.
“Entiendo que para muchos puede ser incómodo escuchar que el equipo está jugando mal, pero es mi trabajo decirlo”, agregó, al justificar su postura frente a la cobertura de la Selección.
La decisión marca un cambio relevante en la forma en que uno de los comentaristas más visibles del país se relaciona con la Selección Colombia, especialmente en un momento clave de preparación rumbo al Mundial 2026.
Mientras tanto, su anuncio ha reactivado el debate sobre el rol del periodismo deportivo, el equilibrio entre crítica y apoyo al equipo nacional y la manera en que se narran los partidos en televisión.
Por ahora, Vélez seguirá vinculado a las transmisiones del Mundial, pero su ausencia en los partidos de Colombia abrirá un nuevo escenario en la cobertura del equipo, en medio de una expectativa creciente por el desempeño del seleccionado nacional.
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Iván Cepeda respalda la adopción de hijos para matrimonios gay
Iván Cepeda respalda la adopción igualitaria. Las parejas del mismo sexo merecen adoptar, aseguró
El respaldo del candidato presidencial Iván Cepeda a la adopción por parte de parejas del mismo sexo vuelve a poner en el centro del debate uno de los cambios más significativos en la política social colombiana de la última década: la posibilidad de que cualquier persona, sin importar su orientación sexual, pueda ofrecer un hogar a niños y niñas en situación de vulnerabilidad.
La discusión no es nueva, pero sí vigente. Hace diez años, Colombia dio un giro histórico con la sentencia C-683 de 2015, que permitió la adopción igualitaria en condiciones de igualdad. Hasta ese momento, miles de parejas del mismo sexo estaban excluidas del sistema, no por falta de capacidad para criar, sino por una estructura legal que no reconocía sus derechos ni su existencia como familias.
El contexto de esa decisión era contundente. Para ese entonces, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar registraba cerca de cinco mil menores de edad esperando ser adoptados. El sistema, limitado a un único modelo familiar, dejaba por fuera a potenciales padres y madres capaces de brindar cuidado, afecto y estabilidad.

La sentencia cambió ese panorama al establecer un principio clave: la orientación sexual no es un indicador de idoneidad para adoptar. Con ello, el país reconoció que la crianza no responde a un único esquema y que el interés superior del menor debe estar por encima de prejuicios sociales o culturales.
El respaldo de Iván Cepeda a este modelo se enmarca en esa lógica: ampliar las oportunidades para que más niños encuentren una familia. La evidencia acumulada en estos diez años muestra que la adopción igualitaria no solo ha permitido el reconocimiento de derechos, sino que también ha contribuido a reducir las barreras de acceso a un hogar para menores en situación de abandono.
Uno de los puntos centrales del debate es precisamente ese: el foco no está en los adultos, sino en los niños. Así lo plantearon quienes impulsaron el cambio en 2015, al señalar que restringir la adopción a un solo tipo de familia limitaba las posibilidades de miles de menores que esperaban una oportunidad.
Este enfoque ha sido clave para entender los beneficios del modelo. Al ampliar el universo de adoptantes, el sistema se vuelve más eficiente y aumenta la probabilidad de que los niños encuentren entornos estables. En un país donde la institucionalización prolongada puede afectar el desarrollo emocional y social de los menores, cada hogar disponible representa una oportunidad concreta de cambio de vida.
Además, la experiencia internacional y nacional ha demostrado que las familias diversas pueden ofrecer entornos de crianza adecuados, basados en el afecto, la estabilidad y la responsabilidad, desmontando uno de los principales argumentos que durante años se utilizaron para oponerse a esta posibilidad.
El debate, sin embargo, no ha estado exento de tensiones. Desde su aprobación, la adopción igualitaria ha sido objeto de cuestionamientos desde sectores que defienden modelos tradicionales de familia. Incluso, intentos posteriores de revertir la medida, como el referendo impulsado en 2017, no prosperaron en el Congreso, lo que consolidó el marco jurídico vigente.
A pesar de ello, ciertas narrativas siguen presentes en la sociedad, muchas de ellas basadas en interpretaciones erróneas sobre la naturaleza del derecho a la adopción. La Corte Constitucional fue clara al señalar que el objetivo no era crear un privilegio, sino garantizar igualdad de condiciones y, sobre todo, proteger el derecho de los menores a tener una familia.
En este contexto, la posición de Iván Cepeda no solo reactiva la discusión política, sino que también plantea una pregunta de fondo sobre el modelo de sociedad que Colombia quiere consolidar: uno que limite el acceso a derechos en función de prejuicios o uno que priorice el bienestar de los niños y la diversidad de las familias.
A diez años del fallo que transformó el sistema de adopción, el balance muestra avances en inclusión y oportunidades, pero también evidencia que el debate cultural sigue abierto. La adopción igualitaria dejó de ser una hipótesis y se convirtió en una realidad que ha permitido a cientos de menores crecer en entornos familiares.
Hoy, con la discusión nuevamente en la agenda pública, el foco vuelve a ser el mismo que hace una década: garantizar que ningún niño o niña pierda la oportunidad de tener un hogar por razones que no tienen relación con el amor, el cuidado o la capacidad de criar.
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#MeToo en el periodismo colombiano: más de 200 denuncias de acoso sacuden a los medios
Una creciente ola de denuncias por presunto acoso sexual en el periodismo colombiano ha sacudido al país en los últimos días
Una creciente ola de denuncias por presunto acoso sexual en el periodismo colombiano ha sacudido al país en los últimos días, tras la aparición de iniciativas como #MeTooColombia y #YoTeCreoColega, que en menos de diez días han recibido más de 200 testimonios de periodistas que relatan experiencias ocurridas en distintos medios y a lo largo de varias décadas.
La mayoría de los relatos han sido enviados por mujeres que identifican tanto a sus presuntos agresores como a los espacios laborales en los que ocurrieron los hechos, muchos de ellos acompañados de elementos que permitirían verificar los casos, algunos fechados desde 1993 hasta 2025.
El detonante de esta ola fue un comunicado emitido por un canal de televisión nacional en el que se informaba sobre denuncias contra dos periodistas por presunto acoso sexual, lo que activó protocolos internos y abrió la puerta a que múltiples voces empezaran a compartir sus experiencias.
En cuestión de minutos, según relatan las impulsoras de la iniciativa, comenzaron a recibir testimonios que evidencian no solo casos aislados, sino patrones repetidos en el tiempo. A partir de ese momento, varias periodistas decidieron unirse para crear un canal seguro de recepción de denuncias y amplificar los relatos a través de redes sociales.
El impacto fue inmediato. En pocos días, la iniciativa logró visibilizar una problemática que, según quienes lideran el proceso, ha sido históricamente silenciada dentro de los medios de comunicación.
Las denuncias revelan patrones claros. Uno de los más recurrentes es el abuso de poder, donde personas en posiciones jerárquicas utilizan su influencia para condicionar la estabilidad laboral, el crecimiento profesional o el acceso a oportunidades dentro del sector.
También se identifican comportamientos repetitivos a lo largo del tiempo, con múltiples testimonios que señalan a los mismos individuos en distintos contextos y etapas, lo que refuerza la percepción de que no se trata de hechos aislados, sino de dinámicas estructurales dentro del gremio.
Otro elemento que emerge con fuerza es el perfil de las víctimas. Muchas de las denuncias corresponden a mujeres en etapas iniciales de su carrera, como practicantes o recién graduadas, quienes se encuentran en una posición de vulnerabilidad frente a figuras de poder dentro de los medios.
Los escenarios donde ocurren los hechos también presentan coincidencias: oficinas, cabinas de radio, ascensores, escaleras o espacios privados, así como viajes laborales en los que, según los testimonios, se aprovecha la cercanía para cometer las agresiones.
En muchos casos, las conductas descritas comienzan con comentarios de carácter sexual o inapropiado que escalan progresivamente hacia situaciones más graves, en un entorno donde este tipo de comportamientos ha sido normalizado.
Las periodistas detrás de la iniciativa también advierten sobre una cultura de silencio y encubrimiento. Según los testimonios, las denuncias internas suelen ser minimizadas o tratadas como situaciones informales, lo que deja a las víctimas sin respaldo institucional.
Además, cuando las víctimas rechazan las conductas, se presentan situaciones de acoso laboral que terminan afectando su permanencia en los medios, generando renuncias o salidas forzadas.
A esto se suma la dificultad de probar los hechos, dado que muchos de los casos ocurren en espacios sin registro o en condiciones donde los agresores evitan dejar evidencia, lo que complica los procesos judiciales.
La respuesta institucional no se ha hecho esperar. La Fiscalía General de la Nación anunció la apertura de un canal oficial para recibir denuncias y el inicio de investigaciones relacionadas con algunos de los casos señalados.
En paralelo, el medio de comunicación involucrado en las primeras denuncias informó la terminación de contratos laborales de dos periodistas y la apertura de una investigación independiente a cargo de una comisión externa, con el objetivo de garantizar condiciones de confidencialidad y respeto para las personas involucradas.
Sin embargo, para quienes impulsan el movimiento, el problema trasciende un caso específico. “Sabemos que esto no se trata de unos casos puntuales y aislados en un medio de comunicación. Es una práctica estructural y común que se viene replicando desde hace muchos años y en distintos medios”, señalan.
El objetivo de la iniciativa no se limita a la denuncia. Las periodistas han planteado un proceso en varias etapas que incluye el análisis de los testimonios, el acompañamiento jurídico a las víctimas y la elaboración de un informe consolidado que permita dimensionar la magnitud del problema.
También han hecho un llamado a los medios de comunicación y a sus directivos para que asuman un compromiso real frente a la situación, señalando que el silencio institucional dificulta cualquier avance en la transformación de estos entornos laborales.
En el centro de esta discusión está la necesidad de generar cambios estructurales: formación sobre qué constituye acoso, rutas de atención efectivas, mecanismos de protección para las víctimas y una revisión profunda de las dinámicas de poder dentro del periodismo.
La ola de denuncias apenas comienza y ya ha abierto un debate nacional sobre las condiciones laborales en los medios, la protección de quienes ejercen el periodismo y la responsabilidad de las instituciones frente a estos hechos.
Para muchas de las mujeres que han decidido hablar, el mensaje es claro: ningún trabajo debería implicar renunciar a la dignidad
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Las contraseñas más usadas en Colombia en 2025: si usas alguna, estás en riesgo
Las contraseñas más usadas en Colombia en 2025 revelan riesgos de seguridad digital. Conozca cuáles son y cómo protegerse.
Hay hábitos digitales que parecen inofensivos, pero pueden convertirse en una puerta abierta para el fraude. En Colombia, el uso de contraseñas débiles sigue siendo una práctica masiva, y los datos más recientes lo confirman: “123456”, “admin” y combinaciones similares continúan encabezando la lista de claves más utilizadas en el país.
El problema no es menor. Estas contraseñas, fáciles de recordar, también son las primeras que prueban los ciberdelincuentes cuando intentan acceder a cuentas personales, correos electrónicos o incluso plataformas bancarias. El resultado: millones de usuarios expuestos a robos de información, suplantación de identidad y fraudes financieros.
Según estudios de ciberseguridad, la contraseña “123456” fue utilizada más de 332.000 veces en Colombia, seguida por “admin” con más de 307.000 registros. A estas se suman otras combinaciones como “123456789”, “password”, “user” o incluso palabras relacionadas con el país como “Colombia123” o nombres propios como “Santiago”, que también aparecen con frecuencia en los listados.
Más allá de la lista, lo que preocupa a los expertos es el patrón: los colombianos siguen optando por claves predecibles, basadas en números simples, palabras comunes o datos fáciles de recordar. Esta práctica, aunque cómoda, representa uno de los principales riesgos en la seguridad digital actual.
El comportamiento tiene una explicación clara. Muchas personas priorizan la facilidad para recordar sus contraseñas y evitan combinaciones complejas por miedo a olvidarlas. Sin embargo, este atajo termina exponiendo información sensible, desde redes sociales hasta cuentas bancarias, en un entorno donde los ataques digitales son cada vez más frecuentes.
Además, el problema no afecta solo a individuos. El uso generalizado de contraseñas débiles también incrementa la vulnerabilidad de empresas y entidades, ampliando el impacto de posibles filtraciones de datos o accesos no autorizados.
El contexto regional tampoco ayuda. En América Latina, la falta de cultura en ciberseguridad se suma al aumento de amenazas digitales, lo que convierte a prácticas como el uso de claves simples en un riesgo aún mayor para millones de usuarios.
Frente a este panorama, los expertos insisten en la necesidad de cambiar hábitos. Una contraseña segura no debe ser evidente ni fácil de adivinar. Se recomienda utilizar combinaciones largas, con mayúsculas, minúsculas, números y símbolos, además de evitar repetir la misma clave en diferentes plataformas.
También es clave apostar por herramientas como gestores de contraseñas o la autenticación en dos pasos, que añaden una capa adicional de protección en caso de que una clave sea comprometida.
El dato es contundente: cada año, las mismas contraseñas siguen liderando los listados, lo que evidencia que el problema no es tecnológico, sino de comportamiento.
En un mundo cada vez más digital, donde gran parte de la vida personal y financiera depende de una clave, la seguridad comienza con una decisión simple pero determinante: dejar de usar contraseñas fáciles.
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