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#MeToo en el periodismo colombiano: más de 200 denuncias de acoso sacuden a los medios

Una creciente ola de denuncias por presunto acoso sexual en el periodismo colombiano ha sacudido al país en los últimos días

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Photo: Shutterstock

Una creciente ola de denuncias por presunto acoso sexual en el periodismo colombiano ha sacudido al país en los últimos días, tras la aparición de iniciativas como #MeTooColombia y #YoTeCreoColega, que en menos de diez días han recibido más de 200 testimonios de periodistas que relatan experiencias ocurridas en distintos medios y a lo largo de varias décadas. 

La mayoría de los relatos han sido enviados por mujeres que identifican tanto a sus presuntos agresores como a los espacios laborales en los que ocurrieron los hechos, muchos de ellos acompañados de elementos que permitirían verificar los casos, algunos fechados desde 1993 hasta 2025. 

El detonante de esta ola fue un comunicado emitido por un canal de televisión nacional en el que se informaba sobre denuncias contra dos periodistas por presunto acoso sexual, lo que activó protocolos internos y abrió la puerta a que múltiples voces empezaran a compartir sus experiencias.

En cuestión de minutos, según relatan las impulsoras de la iniciativa, comenzaron a recibir testimonios que evidencian no solo casos aislados, sino patrones repetidos en el tiempo. A partir de ese momento, varias periodistas decidieron unirse para crear un canal seguro de recepción de denuncias y amplificar los relatos a través de redes sociales.

El impacto fue inmediato. En pocos días, la iniciativa logró visibilizar una problemática que, según quienes lideran el proceso, ha sido históricamente silenciada dentro de los medios de comunicación.

Las denuncias revelan patrones claros. Uno de los más recurrentes es el abuso de poder, donde personas en posiciones jerárquicas utilizan su influencia para condicionar la estabilidad laboral, el crecimiento profesional o el acceso a oportunidades dentro del sector. 

También se identifican comportamientos repetitivos a lo largo del tiempo, con múltiples testimonios que señalan a los mismos individuos en distintos contextos y etapas, lo que refuerza la percepción de que no se trata de hechos aislados, sino de dinámicas estructurales dentro del gremio.

Otro elemento que emerge con fuerza es el perfil de las víctimas. Muchas de las denuncias corresponden a mujeres en etapas iniciales de su carrera, como practicantes o recién graduadas, quienes se encuentran en una posición de vulnerabilidad frente a figuras de poder dentro de los medios. 

Los escenarios donde ocurren los hechos también presentan coincidencias: oficinas, cabinas de radio, ascensores, escaleras o espacios privados, así como viajes laborales en los que, según los testimonios, se aprovecha la cercanía para cometer las agresiones.

En muchos casos, las conductas descritas comienzan con comentarios de carácter sexual o inapropiado que escalan progresivamente hacia situaciones más graves, en un entorno donde este tipo de comportamientos ha sido normalizado.

Las periodistas detrás de la iniciativa también advierten sobre una cultura de silencio y encubrimiento. Según los testimonios, las denuncias internas suelen ser minimizadas o tratadas como situaciones informales, lo que deja a las víctimas sin respaldo institucional.

Además, cuando las víctimas rechazan las conductas, se presentan situaciones de acoso laboral que terminan afectando su permanencia en los medios, generando renuncias o salidas forzadas. 

A esto se suma la dificultad de probar los hechos, dado que muchos de los casos ocurren en espacios sin registro o en condiciones donde los agresores evitan dejar evidencia, lo que complica los procesos judiciales.

La respuesta institucional no se ha hecho esperar. La Fiscalía General de la Nación anunció la apertura de un canal oficial para recibir denuncias y el inicio de investigaciones relacionadas con algunos de los casos señalados.

En paralelo, el medio de comunicación involucrado en las primeras denuncias informó la terminación de contratos laborales de dos periodistas y la apertura de una investigación independiente a cargo de una comisión externa, con el objetivo de garantizar condiciones de confidencialidad y respeto para las personas involucradas.

Sin embargo, para quienes impulsan el movimiento, el problema trasciende un caso específico. “Sabemos que esto no se trata de unos casos puntuales y aislados en un medio de comunicación. Es una práctica estructural y común que se viene replicando desde hace muchos años y en distintos medios”, señalan. 

El objetivo de la iniciativa no se limita a la denuncia. Las periodistas han planteado un proceso en varias etapas que incluye el análisis de los testimonios, el acompañamiento jurídico a las víctimas y la elaboración de un informe consolidado que permita dimensionar la magnitud del problema.

También han hecho un llamado a los medios de comunicación y a sus directivos para que asuman un compromiso real frente a la situación, señalando que el silencio institucional dificulta cualquier avance en la transformación de estos entornos laborales.

En el centro de esta discusión está la necesidad de generar cambios estructurales: formación sobre qué constituye acoso, rutas de atención efectivas, mecanismos de protección para las víctimas y una revisión profunda de las dinámicas de poder dentro del periodismo.

La ola de denuncias apenas comienza y ya ha abierto un debate nacional sobre las condiciones laborales en los medios, la protección de quienes ejercen el periodismo y la responsabilidad de las instituciones frente a estos hechos.

Para muchas de las mujeres que han decidido hablar, el mensaje es claro: ningún trabajo debería implicar renunciar a la dignidad

 

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