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De gobernar el territorio a disputar el poder central: el camino de Carlos Caicedo Omar

¿puede un liderazgo construido desde el territorio competir en una política históricamente dominada por las élites y el poder central?

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Mientras algunos candidatos han construido su carrera en Bogotá, emerge un perfil que viene de gobernar desde abajo.

En Colombia, la política nacional suele construirse lejos de los territorios que más concentran sus problemas. Las decisiones se toman en Bogotá, los discursos se diseñan en clave institucional y las campañas giran en torno a debates que no siempre reflejan la vida cotidiana de la mayoría del país.

En ese escenario, una pregunta empieza a tomar forma: ¿puede un liderazgo construido desde el territorio competir en una política históricamente dominada por las élites y el poder central?

El nombre que aparece en esa discusión es el de Carlos Caicedo.

Una historia que no comienza en el poder

A diferencia de buena parte de la clase política tradicional, la trayectoria de Caicedo no inicia en redes de poder consolidadas.

Su historia personal está marcada por un origen familiar vinculado al trabajo y al esfuerzo, en un contexto que comparte con millones de colombianos. Su madre cocinaba y su hermano vendía para sacar a la familia adelante. Ese punto de partida no es solo un elemento biográfico, sino una de las bases sobre las que ha construido su política.

Antes de llegar a cargos de elección popular, su trayectoria pasó por el ámbito académico, donde desempeñó un papel de liderazgo en la Universidad del Magdalena. Ese primer espacio de gestión marcaría el inicio de una trayectoria caracterizada por la academia y el ejercicio directo de la administración pública, más que por la construcción de capital político tradicional. Allí lideró una refundación institucional. Recibió una universidad en quiebra y la entregó con acreditación de alta calidad, triplicando la cobertura y construyendo un campus de vanguardia. 

Hoy, su propuesta principal proviene de sus inicios: la educación. Su proyecto “Estudia y Gana” es la propuesta principal para sacar a Colombia adelante, donde 2,3 millones de jóvenes están fuera del sistema, y propone pagarles a los estudiantes para cubrir sus gastos y que la juventud se dedique a ello; como él dice: “estudiar, sí paga”.

La carrera de Caicedo no ha estado exenta de tensiones. Su reconocimiento como víctima de violencia política y judicial por parte de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) introduce un elemento que lo sitúa en una intersección particular entre política, conflicto y justicia. Este aspecto, aunque no define por completo su perfil, más bien refuerza una narrativa de confrontación con estructuras tradicionales de poder, que ha sido parte de su construcción política.

Del gobierno local a la consolidación regional

El salto a la política electoral se dio en el ámbito local. Como alcalde de Santa Marta (2012–2015), Caicedo inició un proceso que luego continuaría desde la Gobernación del Magdalena (2020–2023).  Fue el primer alcalde de izquierda de la ciudad. Su gestión se recuerda por el diseño del “Plan Santa Marta 500 años” y por la recuperación de la soberanía pública sobre los recursos de la ciudad. Bajo su mando, la UNESCO declaró a la ciudad “territorio libre de analfabetismo”.

Su mandato en la Gobernación del Magdalena se centró en la “Revolución de la Equidad”. Pese a los retos de la pandemia, priorizó la salud pública con la construcción de 8 centros de salud y 6 hospitales. Logró reducciones históricas en el índice de pobreza multidimensional mediante los “Proyectos del Cambio”, que llevaron agua potable y programas de alfabetización a las zonas más remotas del departamento.

Más allá de las valoraciones políticas, su trayectoria introduce un elemento que no es menor en el contexto colombiano: la experiencia directa en la ejecución de políticas públicas en territorios con limitaciones estructurales. Pero gobernar no es lo mismo que prometer, y ese es precisamente el punto en el que su candidatura intenta diferenciarse.

En una contienda en la que varios candidatos han desarrollado su carrera principalmente en escenarios legislativos o dentro de estructuras partidistas, el perfil de Caicedo plantea un contraste.

Mientras figuras como Paloma Valencia representan una tradición política vinculada a sectores que históricamente han ocupado espacios de poder, y liderazgos como el de Iván Cepeda se han consolidado desde el ámbito legislativo nacional, Caicedo llega desde un recorrido distinto: el de la gestión territorial.

Ese contraste no es solo de trayectorias, sino también de enfoque. Gobernar un territorio implica enfrentarse a limitaciones concretas —presupuesto, infraestructura, seguridad— que rara vez se dan en el mismo nivel en la política nacional.

El siguiente paso: de lo local a lo nacional

El salto a la política nacional plantea un desafío evidente: trasladar una experiencia territorial a una escala mucho más compleja.

La pregunta no es menor. Colombia no es un territorio homogéneo, y lo que funciona en una región no necesariamente se replica a nivel nacional. Sin embargo, en un contexto donde la ciudadanía exige resultados concretos, la experiencia de gobierno empieza a adquirir un peso distinto.

Más que una conclusión cerrada, el perfil de Carlos Caicedo abre una pregunta que debería atravesar a las distintas sedes de campaña hoy en día.

En un país donde la política suele comenzar en el poder, la verdadera pregunta es si Colombia está dispuesta a elegir a alguien que llegó a él desde el territorio.

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