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Iván Cepeda entra en zona de presión: la paz total le abre un frente incómodo en campaña
Iván Cepeda venía intentando consolidarse como una candidatura fuerte del progresismo, pero la crisis de la paz total lo dejó en el centro de una discusión que no controla del todo: seguridad, legalidad y costos políticos de negociar con estructuras criminales.
La campaña presidencial de Iván Cepeda entró esta semana en un terreno incómodo. La controversia por la paz total, la suspensión de órdenes de captura contra cabecillas del Valle de Aburrá y la posterior decisión de la fiscal Luz Adriana Camargo de reactivar 16 de esas órdenes pusieron a la seguridad y a la legalidad en el centro del debate electoral. Y aunque Cepeda no diseñó ese escenario, hoy está obligado a responder por él.
La presión no viene solo de la oposición. También llegó desde alcaldes y gobernadores que cuestionaron que personas con condenas vigentes hubieran sido tratadas como gestores de paz. Federico Gutiérrez en Medellín, Carlos Fernando Galán en Bogotá y el gobernador Andrés Julián Rendón de Antioquia elevaron el tono de las críticas y convirtieron el caso en un problema político mayor para el oficialismo.
Cepeda ha negado cualquier relación política con esos grupos y ha insistido en que los señalamientos en su contra son montajes. Pero en campaña no siempre basta con desmentir. A veces el problema no es lo que un candidato hizo, sino el clima que lo rodea. Y en este momento el clima alrededor de la paz total está cargado de dudas: si hubo errores jurídicos, si el Gobierno se excedió, si se cruzaron líneas peligrosas entre diálogo y concesión.
El impacto electoral puede ser serio porque la seguridad es uno de los temas más sensibles para el votante colombiano. En medio de ese ambiente, cualquier candidatura asociada al proyecto de paz del Gobierno queda más expuesta. Eso no significa que Cepeda esté derrotado por este episodio, pero sí que enfrenta una prueba decisiva: demostrar que puede hablar de paz sin quedar atrapado en la sospecha de permisividad frente al crimen.
El punto de fondo es político. Hasta hace poco, Cepeda podía apoyarse en su trayectoria como defensor de derechos humanos y figura de izquierda con peso propio. Hoy necesita además convencer a sectores más amplios de que su apuesta no implica debilidad frente a estructuras ilegales. La discusión ya no es solo ideológica. Es una discusión de confianza. Y esa, en campaña, cuesta mucho más reconstruirla que perderla.